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A la vista general

Valores en arquitectura

Hace aproximadamente un año y medio, se publicó un artículo arquitectónico en el diario semanal alemán Die Zeit defendiendo la casa deChristian Wulff en Großburgwedel contra las críticas. Confirmaba una relación entre problemas de gusto y valores comunes. "Los residentes de un pueblo o ciudad son parte del valor de la comunidad: no sólo económicamente sino también en términos de cultura y arquitectura. La pregunta es: ¿cuáles son exactamente esos valores? ¿Y cómo podemos estar de acuerdo respecto a ellos?" ¿De qué estamos hablando cuando nos referimos a valores? ¿Cómo los valores encuentran su camino en la arquitectura? Un artículo del teórico sobre arquitectura Professor Achim Hahn.

El Dr Achim Hahn ha sido profesor de teorías arquitectónicas y críticas arquitectónicas en la facultad de arquitectura de Universidad de Tecnología de Dresden desde 2001. Entre 1996 y 2001 dio clase en Universidad de Ciencias Aplicadas de Anhalt como profesor de sociología. Es el editor del periódico "Ausdruck und Gebrauch. Dresdner wissenschaftliche Hefte für Architektur Wohnen Umwelt” (Expresión y uso. El papel científico de Dresden para la arquitectura, la vida y el medio ambiente). Los estudios de Hahn incluyen la metodología de las ciencias empíricas ("por ejemplo la hermenéutica"), los paisajes urbarnos ("Interurbanos"), la filosofía de vivir y la estética y la ética en la arquitectura. Achim Hahn ha publicado los libros "Architekturtheorie. Wohnen, Entwerfen, Bauen" (Teoría arquitectónica. Vivir, diseñar, construir) (Viena, 2008), "Raum und Erleben. Über Leiblichkeit, Gefühle und Atmosphären in der Architektur" (Espacio y experiencia. Sobre la corporeidad, los sentimientos y las atmósferas en la arquitectura) (Aachen 2012) y "Erlebnislandschaft - Erlebnis Landschaft? – Atmosphären im architektonischen Entwurf” (La experiencia del paisaje– Aventuras del paisaje – Ambientes en el diseño arquitectónico” (Bielefeld 2012).

Una mirada a la historia del uso de la palabra valor demuestra que se puede usar tanto para cosas como personas. Desde muy temprano, el valor describía el precio de algo. La asociación de valor con mérito, apreciación e importancia es igual de antigua. Finalmente, la palabra también pasó a significar la calidad de algo. Así, vemos que el valor se refiere tanto a cosas materiales como inmateriales, a la vez que hay que distinguir entre su acepción económica y moral/filosófica. La sociología se mueve en un terreno intermedio. Su uso del término valor se asocia normalmente con estándar. Los estándares son normativas ampliamente vinculantes de acciones guiadas por conceptos morales considerados socialmente buenos y cuya vigilancia recae en la sociedad. La ética del valor también se encarga de estándares y valores. Fundamentalmente, pueden existir diferentes modos de pensamiento científico respecto a un tema tan genérico como los valores en la arquitectura cuando consideramos, por ejemplo, la economía de la construcción o la restauración. La teoría arquitectónica, sin embargo, en la medida en que busca el lugar de la arquitectura en la vida del hombre (Sitz der Architektur im Leben der Menschen; compara Achim Hahn: Architekturtheorie (Teoría arquitectónica). Viena 2008), identifica y describe modos de comportamiento en los que valora con importancia las relaciones y actitudes fundamentales. La designación de los valores, ya sea a cosas o propiedades, siempre lo ha llevado a cabo la gente.

Arquitectura al servicio de la existencia humana
A la arquitectura se le puede asignar un valor mientras tenga un uso y una calidad. Valor se refiere aquí no tanto como al valor económico del edificio (en la crítica arquitectónica) sino a su calidad práctica, idoneidad y utilidad actuales (como el valor a largo plazo). Desde la perspectiva del uso, una diferencia significativa es evidente: como "valor experimentado" la arquitectura es disinta a un coche. Porque conducir es diferente a vivir en un hogar. No hace falta que yo mismo tenga que conducir el coche para beneficiarme de los beneficios de un viaje en coche, para apreciarlos. Pero no puedo delegar a alguien el vivir o que tome mi lugar. Una vez que llego a este mundo tengo que ir a algún lado. Nadie puede simplemente desaparecer en el aire. Vivir es quedarse en un sitio determinado durante cierto periodo de tiempo. Nadie puede vivir por mi, tengo que hacerlo por mi cuenta. Una arquitectura que sirve para dar a la gente un buen sitio para vivir en la Tierra, y que usa para esta razón, no es ni una herramienta ni un trabajo de arte. La arquitectura es una proveedora en la medida que ha sido, y seguirá siendo, creada por las personas para hacer el mundo habitable. Esto afirma un tipo de premonición antropológica del valor de la arquitectura, ya que sirve al aquí y ahora de los humanos. En el ámbito de la experiencia arquitectónica, los valores se manifiestan como los sentimientos de una experiencia y por ello son expresados y compartidos como valores experimentales conscientes. Las expectativas y experiencias en los valores existen, porque cuando nuestros sentidos entran en contacto con la arquitectura, percibimos nuestra mente creando un espacio de diseño en el que la persona consciente y la calidad experimentada (por ejemplo, la sensación de seguridad) están presentes contemporánea y físicamente. Al experimimentar la arquitectura, se sienten emociones relacionadas con la alegría o la aversión. La distinción primaria se hace entre agradable y desagradable, concretamente algo que contiene un valor positivo o negativo.

Juicios de valor sensibles y teóricos
Si hemos establecido una relación entre el proceso de percepción y la afirmación del valor, entonces hemos asumido un juicio práctico de valor. Sin embargo, para distinguir valores profesionales de prácticos, hay que tomar referencias de la distinción entre juicios de valor sensibles y teóricos. Curiosamente, los últimos conciernen al mundo de la estética, lo que no puede separarse de la ética. El filósofo polaco Roma Ingarden (1893 - 1970) habló de los "valores estéticos" en diferentes publicaciones. Señaló que "valorar" un objeto que se ha percibido no tiene por qué resultar en un juicio teórico (según Roman Ingarden: Erlebnis, Kunstwerk und Wert (Experiencia, arte y valor). Tübingen 1969). En lugar de ello es parte y producto de la experiencia estética. Para entender esto, hay que hacer una distinción en nuestro entendemiento de la estética. Nuestro término estética deriva del griego aisthesis, que significa percepción sensual y la capacidad total humana para la percepción. Solo con la aparición de la disciplina científica de la estética (teoría del arte) se estableció un nuevo sentido, según el cual los aspectos estéticos son formas de percibir y producir que se relacionan con objetos, principalmente artísticos, valorados como "bonitos". De acuerdo a esta lógica, el objetivo de la percepción estética es desarrollar un juicio de valor metódicamente adquirido y corroborado. En contraste, acceder a la "aisthetis" conlleva experimentar objetos, como la arquitectura, sin que la percepción propia lleve a un juicio de valor estrictamente artístico. ¿Entonces qué es lo que tenemos con el valor estético?

Experiencias y juicios en los valores
De forma breve, ciertamente se puede afirmar que se pueden encontrar valores en la arquitectura, así como puede haber dados en una caja. Solo en el "encuentro" con la arquitectura los humanos nos damos cuenta del valor. Los humanos están existencialmente (físicamente) ligados a los resultados de un encuentro. Cualquier encuentro requiere una presencia física contempóranea. Ingarden sugirió distinguir entre un juicio estético y una experiencia estética. En ambos casos hay valores de respuesta. La cognición (juicios), la práctica (vivir) y la experiencia (percepción) tienen sus propios campos de aplicación, incluso si se trata de un mismo edificio. Obviamente, la percepción humana también tiene su papel, pero la percecpión no es lo mismo que percibir. ¿Por qué? El propio perceptor está físicamente involucrado en el acto de percibir, en tanto que quiere entender u orientarse en el aquí y ahora. Cada situación perceptiva aparece en el contexto de una vida y comprende una atención enfocada, expectativas, un horizonte de entendimiento y un fondo de experiencias, etc. El hombre no es una pintura en blanco cuando percibe algo. La percepción es de hecho un acto creativo y emocional. Valorar como bueno/malo o agradable/desagradable lo que los sentidos encuentran no tiene por qué resultar, según Ingarden, en juzgar como una afirmación lógica, "en lugar de ello, solo culmina ahí: le da forma y resume conceptualmente." Cada vez que se le da valor a algo, se relaciona con una experiencia de valor del pasado. En el valor (experimentado) hay una reacción emocional física, una respuesta al valor experimental

Un sentimiento hacia el valor y unas expectativas del valor
Una consideración "estética" de la arquitectura desde un punto de vista neutral busca el valor en ello, incluso si no hay intención de usarlo. Pero este tipo de valoración metodizada del valor no lo relaciona con un valor ganado mediante una experiencia de uso del pasado. En su lugar tiene que ser justificado científicamente haciendo comparaciones entre otros edificios modernos o antiguos valorados estéticamente. El objetivo es un juicio de valor cognitivo, en el que la sensación de valor no sea evidente en absoluto. Que se pueda distinguir entre lo bueno y malo, así como entre lo apropiado e inapropiado para nosotros, y que no se sea indiferente a esta distinción, es la base fundamental de la moralidad de nuestro valor en la práctica. Si no se está seguro de querer tener una buena vida, entonces no se podrá entender la tendencia hacia lo agradable en vez de hacia lo desagradable en la arquitectura. Los humanos se esfuerzan por tener vidas exitosas dentro y fuera de su hogar. Y con nuestras experiencias con la arquitectura tenemos las correspondientes expectativas de valores para edificios, los que bien se cumplen o no son suficientes. Desde la perspectiva de la teoría arquitectónica, los juicios de valor cognitivos no pueden establecerse según una simple experiencia, por ejemplo, lo que se siente físicamente. Una simple experiencia tiene la ventaja de no estar prejuzgada por suposiciones y excesos de la teoría del arte.